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Introducción
La osteoporosis es una disminución de
la masa ósea y de su resistencia mecánica que ocasiona susceptibilidad
a las fracturas. En mujeres después de la menopausia y ancianos
en general es la principal causa de fracturas óseas. Se conoce
como la enfermedad silenciosa por la falta de síntomas y,
teniendo en cuenta el incremento de la esperanza de vida de
la humanidad, se ha convertido y pudiera convertirse, aún
más, en un problema epidemiológico serio para muchos países
(1,2).
En la osteoporosis se reduce la densidad
y la calidad ósea, lo cual hace que los huesos se debiliten
y se vuelvan frágiles, quebrándose con facilidad. La densidad
se refiere a la fortaleza del hueso, ya que mientras más densos
sean, más fuertes serán; se expresa en gramos de mineral por
área o volumen. La calidad se refiere a la microarquitectura,
mineralización y acumulación de daños en el hueso (microfracturas)
(2-4).
La osteoporosis se clasifica en primaria
y secundaria. La primaria ocurre en ambos sexos por la edad
y deficiencias hormonales, después de la menopausia en la
mujer, y en el hombre de una forma más paulatina, en la medida
en que disminuyen los niveles de testosterona, sobre todo
en la tercera edad. Mientras que la secundaria se origina
como resultado del uso continuado de algunos medicamentos
o debido a enfermedades u otras condiciones; como son, respectivamente,
los glucocorticoides, la enfermedad celiaca y el hipogonadismo
(4).
La osteoporosis no tiene un comienzo
bien definido, debido a que en muchos casos la pérdida ósea
es gradual y no hay signos previos o síntomas hasta que la
enfermedad está avanzada. Hasta hace poco, el primer signo
visible de la enfermedad acostumbraba a ser una fractura de
cadera, muñeca o de los cuerpos vertebrales, lo cual originaba
dolor y deformación. Las fracturas de la espina dorsal pueden
causar una postura encorvada, pérdida de estatura y otros
problemas de salud, y la fractura de la cadera generalmente
requiere cirugía (1-3).
Una osteoporosis establecida se acompaña
de fracturas de brazos y piernas, deformaciones vertebrales
y dolores agudos o crónicos. Una vez que una persona ha padecido
una fractura osteoporótica seria, es poco probable que recupere
plenamente la salud, lo que implica una menor calidad de vida
(3).
Por todo ello, a la osteoporosis no se
le debe considerar una enfermedad benigna, ya que aumenta
la morbi-mortalidad de las personas que la sufren. Aunque,
si se diagnostica precózmente, se puede detener su avance
y, en algunos casos, invertirse el proceso mediante medicaciones
e intervenciones relativamente simples (5).
Causas de la osteoporosis
El hueso es un tejido vivo en
constante crecimiento y, por tanto, requiere de una renovación
continua mediante procesos de formación y reabsorción. El
cuerpo humano está constantemente produciendo hueso nuevo
y eliminando hueso viejo, ya que también sirven como reservorio
de calcio al organismo. Durante la niñez, el esqueleto acumula
más hueso del que elimina y éstos se hacen más densos y fuertes,
pero a partir de la tercera década se inicia la pérdida de
pequeñas cantidades de hueso. Esta pérdida ósea debilita el
esqueleto a medida que la persona envejece, pero también múltiples
enfermedades o los hábitos de vida poco sanos pueden incrementar
esa pérdida ocasionando osteoporosis a una edad más precoz
(1,2).
La menopausia es la principal causa
de osteoporosis en las mujeres debido a la disminución de
los niveles de estrógenos. La pérdida de estrógenos por la
menopausia fisiológica o por la extirpación quirúrgica de
los ovarios, ocasiona una rápida pérdida de tejido óseo. Algunas
mujeres también están predispuestas a la osteoporosis por
tener una baja masa ósea en la edad adulta. Las mujeres, especialmente
las caucásicas y asiáticas, tienen una menor masa ósea que
los hombres. Para la detección precoz de la osteoporosis es
de suma importancia conocer los factores de riesgo.
Una mayor probabilidad de desarrollar
osteoporosis se relaciona con (1-4,6-9):
- Menopausia precoz, natural o quirúrgica.
- Períodos de amenorrea.
- Hipogonadismo en el varón.
- Tratamientos prolongados con glucocorcorticoides, anticonvulsivos
y de diálisis.
- Enfermedades como artritis reumatoide, enfermedad tiroidea
y problemas que bloquean la absorción intestinal de calcio.
- Dieta pobre en calcio durante períodos prolongados, especialmente
en la adolescencia y la juventud.
- Edad avanzada.
- Historia familiar de osteoporosis.
- Estructura corporal pequeña y delgada.
- Consumo excesivo de alcohol y/o cafeína. El consumo moderado
de alcohol puede tener efectos beneficiosos en la masa ósea,
sin embargo, su consumo excesivo la reduce.
- Tabaquismo.
- Vida sedentaria e inmovilización prolongada.
Prevalencia
La osteoporosis continuará presentando
problemas en el campo de la epidemiología, más aún cuando
la supervivencia de la humanidad tiende al aumento. Actualmente,
afecta a una de cada cinco mujeres de más de 45 años y a cuatro
de cada diez de más de 75, así como al 10% de los hombres
mayores de 50 años (1,7).
En Europa, es un problema frecuente de
salud pública que conlleva a que aproximadamente uno de cada
ocho ciudadanos europeos mayores de 50 años sufra una fractura
de columna. Además, una de cada tres mujeres y uno de cada
nueve hombres mayores de 80 años sufrirá una fractura de cadera
(rotura de la cabeza del fémur) a consecuencia de la osteoporosis
(3).
En los Estados Unidos, la probabilidad
de tener una fractura de cadera en las personas de raza blanca,
a los 50 años, es de un 14% para las mujeres y de un 5 a 6%
para los hombres, mientras que para las personas de raza negra
es mucho menor, de un 6% para las mujeres y de un 3% para
los hombres. Se ha demostrado que las mujeres afronorteamericanas
tienen una densidad mineral ósea (DMO) superior a las de raza
blanca y por eso tienen una proporción menor de fracturas.
Y dentro de estas últimas las de origen mejicano tienen una
DMO intermedio entre las no hispanas y las afronorteamericanas
(4,8).
Aunque las causas difieren según los
grupos demográficos, aproximadamente entre el 30 y el 60%
de los casos de osteoporosis en los hombres están asociados
con causas secundarias, siendo las más comunes: hipogonadismo,
terapia con glucocorticoides y alcoholismo; mientras que lo
mismo ocurre en las mujeres peri-menopáusicas, entre las cuales
más del 50% de los casos de osteoporosis están relacionados
con causas secundarias, siendo las más comunes: bajos niveles
de estrógenos, terapia con glucocorticoides, exceso de hormona
tiroidea y terapia con anticonvulsivos.
En las personas de edad avanzada en
el mundo occidental, las fracturas osteoporóticas y las discapacidades
resultantes de ellas tienen un impacto muy importante en la
salud, ya que requieren de asistencia hospitalaria, rehabilitación
y asistencia en el hogar. El aumento de la expectativa de
vida, hará que aumente sustancialmente el número de personas
que sufrirán fracturas osteoporóticas en las próximas décadas.
Por ejemplo, se calcula que la incidencia anual de fracturas
de cadera y columna en la Unión Europea será más del doble
de la actual, pasando de 414 000 a 972 000 en los próximos
50 años. Esto traerá consigo cargas financieras enormes para
los servicios sanitarios, como será la duplicación del número
de camas de hospital necesarias para los pacientes (3).
Se estima que de las personas que sufren
de fractura de cadera por osteoporosis un 50% no se recuperan,
un 25% deben de tener atención especial y un 24% fallecen
(5).
Diagnóstico
Se puede medir la masa ósea y diagnosticar
la osteoporosis con técnicas de densitometría o de tomografía
computadorizada cuantitativa. Los Rx y el ultrasonido, que
es un método prometedor para el presente y el futuro, sirven
también para el diagnóstico de la osteoporosis, y este último,
además, permite analizar la microestructura ósea (1,5).
La densitometría ósea es un excelente
método diagnóstico, cuyos valores y sus significaciones son
los siguientes (5):
-1 DE = NORMAL
Entre -1 y -2,6 DE = OSTEOPENIA
Mayor de -2,6 DE = OSTEOPOROSIS
Mayor de -2,6 DE más fractura = OSTEOPOROSIS SEVERA
DE = DESVIACIONES ESTANDAR
Se ha avanzado mucho en la comprensión
de las causas, el diagnóstico y el tratamiento de la osteoporosis.
Sin embargo, esta enfermedad se descuida a menudo y muchas
personas que la padecen siguen sin diagnosticar y sin ser
tratadas, debido a que los gobiernos y las instituciones sanitarias
suelen considerar la osteoporosis como una enfermedad de baja
prioridad, y como resultado de ello los diagnósticos son insuficientes
y los enfermos no reciben la asistencia apropiada (3).
Para un buen diagnóstico de la osteoporosis
se debe cumplir con los siguientes pasos (9):
1. Historia clínica detallada con factores
de riesgo.
2. Exploración física.
3. Análisis: hemograma, vsg, bioquímica con función renal
(Cr) y hepática (Falc, GOT, GPT, GGT), iones (Ca, P, Na, K),
proteinograma y TSH.
4. Rx tórax, columna lumbar y pelvis.
5. Densitometría ósea.
6. La pertinencia de otros estudios se basará en la historia
clínica y los factores de riesgo recogidos.
Actualmente se considera que se debe
hacer una densitometría siempre que se sospeche osteoporosis
por los factores de riesgo y ante osteopenia o fractura por
traumatismo mínimo.
Importancia de la detección precoz
En la osteoporosis la estructura ósea
se va debilitando poco a poco. La fractura aparece en una
fase relativamente tardía de la enfermedad, cuando ya se ha
perdido una considerable cantidad de masa ósea. Conocer los
factores de riesgo es vital para orientar a las personas de
alto riesgo hacia mediciones de densidad ósea y medidas preventivas.
La densidad mineral ósea puede utilizarse para evaluar el
riesgo de fractura, confirmar un diagnóstico de osteoporosis
y controlar los efectos del tratamiento. La detección precoz
de la pérdida ósea es fundamental para prevenir el sufrimiento
innecesario y el incremento de los costes sanitarios (3).
Tratamientos
El tratamiento de la osteoporosis puede
ser farmacológico y no farmacológico; éste último se basa
fundamentalmente, en las medidas preventivas.
Tratamiento no farmacológico
La mejor ayuda que se le puede dar a
los pacientes en general es la aplicación de medidas preventivas.
Una buena nutrición es esencial
para desarrollar huesos sanos
Una ingesta adecuada de calcio durante la adolescencia y la
juventud, puede incrementar el pico de masa ósea, lo cual
redunda en una reducción de la pérdida de hueso y en un menor
riesgo de fractura en años posteriores. El consumo adecuado
de calcio y de vitaminas, sobre todo la D, durante la madurez,
es esencial para la salud ósea (1,3).
Aunque está demostrado que el calcio
tiene un efecto beneficioso para la salud de los huesos a
todas las edades, la ingesta individual de este elemento está
por debajo de los niveles recomendados en muchos países. La
manera óptima de alcanzar una ingestión adecuada de calcio
es mediante una dieta equilibrada con productos lácteos, vegetales
verdes y soya. El déficit de vitamina D es común en muchos
grupos de edad avanzada, con lo que aumenta el riesgo de fractura.
La exposición regular a la luz solar, el consumo de alimentos
ricos en esta vitamina y, en caso necesario, suplementos vitamínicos,
deben hacer que se mantengan los niveles adecuados de vitamina
D (3,5,10).
Para las personas adultas la ingestión
necesaria de calcio debe estar entre los 1 000 y 1 500 mg/día,
y las de vitamina D entre las 400-600 UI/día, y de esa forma
se disminuye la importancia de los efectos adversos que pudieran
tener en el balance del calcio, dietas elevadas en proteínas,
cafeína, fósforo y sodio (4).
Convenencia de practicar ejercicios:
comenzar de jóvenes para obtener los mejores resultados
La actividad física en la niñez y adolescencia está positivamente
relacionada con la densidad ósea; en cambio, sus efectos en
mujeres post-menopáusicas son modestos. A las personas de
edad avanzada que han sufrido una cierta pérdida ósea puede
beneficiarles un programa de ejercicios de transporte de pesos
y de resistencia, como caminar, subir escaleras, nadar y bailar.
El beneficio principal de un programa de ejercicios es aumentar
la fuerza muscular y la resistencia, lo que puede ayudar a
evitar las caídas (1,3).
Los ejercicios de extensión de la columna
y caminar pueden estabilizar o incluso incrementar ligeramente
la masa ósea y mejorar el balance y la fuerza muscular. Ensayos
clínicos aleatorios han demostrado que los ejercicios reducen
el riesgo de caídas en aproximadamente un 25%, aunque no hay
evidencias experimentales de que estos varíen los rangos de
fracturas (1,4).
Evitar las caídas
Las caídas son comunes en los ancianos, y entre sus consecuencias
figuran la muerte, traumatismos, fracturas, hospitalización,
incapacidad permanente, aislamiento social y problemas psicológicos.
La mayor parte de las caídas les ocurren a mujeres solas.
Los tres factores que más predisponen a las caídas son la
debilidad de los músculos de la articulación de la cadera,
la mayor inestabilidad y la toma de más de tres medicamentos
(3,5).
La visión es particularmente importante
para el equilibrio y la estabilidad de los ancianos, y por
eso hay que cuidarla. Los programas de ejercicios mejoran
el tono muscular y aumentan la confianza. El ajuste periódico
y la reducción de la ingesta de medicamentos ayuda también
a prevenir las caídas (3).
Tratamiento Farmacológico
Actualmente se dispone de diversas medicamentos
contra la osteoporosis, como son: suplementos de calcio, vitamina
D y sus metabolitos, terapia hormonal sustitutiva, bifosfonatos,
calcitonina, fluoruros, ipriflavona y esteroides anabolizantes.
Sin embargo, las pruebas de la eficacia de estos medicamentos
en la reducción del riesgo de fractura varían considerablemente.
También están desarrollándose nuevos
medicamentos, como los moduladores selectivos de receptores
de estrógenos, el ranelato de estroncio, la paratirina, los
péptidos de la familia de la hormona paratiroidea, factores
de la hormona del crecimiento o proteínas óseas morfogenéticas
y nuevas formulaciones de flúor. Varios de estos compuestos
ya se están introduciendo en el mercado y otros se encuentran
en ensayo clínico en diferentes fases para introducirse dentro
de uno a cinco años. (3,11,12).
De estos productos novedosos, hasta el
momento el de mejores resultados ha sido el modulador selectivo
de los receptores de estrógenos, raloxifeno, que ha demostrado,
en extensos ensayos clínicos, reducir el riesgo de fracturas
de vértebras en un 36%, elevando al máximo el efecto de los
estrógenos sobre los huesos, al mismo tiempo que minimiza
o antagoniza sus efectos sobre las mamas y el endometrio.
Su antecesor, el tamoxifeno, utilizado en el tratamiento y
prevención del cáncer de mama puede mantener la masa ósea
en la mujer post-menopáusica, pero sus efectos sobre las fracturas
no están claros (2,4).
Recientemente han aparecido algunas noticias
y artículos científicos, en los que se atribuye al grupo de
reductores del colesterol conocidos como estatinas (lovastatina,
simvastatina, pravastatina), usados por millones de personas
en el mundo, propiedades estimulantes de la producción de
osteoblastos en roedores, y ya se publicaron los primeros
estudios observacionales en humanos, en los cuales se expresa
que disminuyen el riesgo de fracturas. No obstante, otros
autores, sin dejar de reconocer que es posible y sería muy
provechoso que estos medicamentos tuvieran esa dualidad de
acciones, recomiendan que hasta que su efectividad en el tratamiento
de la osteoporosis no se demuestre en ensayos clínicos aleatorizados,
no se prescriban con ese objetivo (13-16).
En las mujeres con menopausia precoz,
el tratamiento más usual para prevenir la pérdida de tejido
óseo es la terapia con estrógenos, a la que se le añade un
progestágeno si el útero está intacto. El reemplazo de estrógenos
es también efectivo en la prevención de las fracturas osteoporóticas,
pero requiere un estricto control ginecológico y una cuidadosa
selección de los pacientes (1,17).
Las mujeres post-menopáusicas con baja
masa ósea u osteoporosis establecida y que tengan contraindicación
para el tratamiento de sustitución de hormonas, pueden utilizar
los bifosfonatos (alendronato, etidronato o risedronato) o
la calcitonina, que son los medicamentos que han demostrado,
en los últimos años, ser más efectivos para prevenir la pérdida
de tejido óseo (1,6).
Algunos autores proponen usar la terapia
sustitutiva con estrógenos, como tratamiento de primera elección,
solo en las mujeres con menopausia precoz y una baja densidad
ósea, para prevenir las fracturas. Pero en las mujeres post-menopáusicas
que hayan tenido fracturas sugieren el orden de tratamientos
siguiente: como primera elección, alendronato; segunda, raloxifeno;
y tercera, otros bifosfonatos menos potentes, como el etidronato,
o metabolitos activos de la vitamina D, como el calcitriol.
Para los hombres con osteoporosis, recomiendan los bifosfonatos
junto con calcio; y en los ancianos con deficiencias nutricionales
o que tomen poco sol, suplementos de vitamina D simple; pero
todos los casos con hipogonadismo deben ser tratados con testosterona,
como terapia de sustitución hormonal (12).
Los bifosfonatos han demostrado, a base
de estudios con evoluciones contínuas desde los años 95, que
reducen el riesgo de fracturas de vértebras en un 45%, lo
que quedó demostrado en el estudio RCT'S, y que son efectivos
en comparación con la calcitonina, calcitriol y raloxifeno.
Su mecanismo de acción comprobado es evitar la reabsorción
ósea. Estudios han demostrado que su acción es en los tejidos,
a nivel celular y molecular, y todo ello permite que: (4)
o Disminuya el recambio óseo.
o Aumenta la masa ósea.
o Aumente la mineralización.
Las fracturas vertebrales deben tratarse
inicialmente con reposo, analgésicos, lumbostato y rehabilitacion.
Otros posibles tratamientos, actualmente en estudio, incluyen
vitamina D, fluoruros y hormona paratiroidea (1).
La detección temprana de la osteoporosis
y su tratamiento precoz evita el riesgo de fracturas significativamente,
disminuye la morbimortalidad, lo mismo que las incapacidades,
limitaciones, el dolor y las hospitalizaciones (5).
Rehabilitación
Recobrar la movilidad y reducir el dolor.
Muchos pacientes presentan dolor crónico o agudo, fatiga muscular,
movilidad limitada, pérdida de talla, joroba y pérdida de
autonomía. Estos síntomas tienen un efecto devastador en la
salud de un paciente, tanto física como psicológicamente.
Por ello el tratamiento médico tiene que ir acompañado por
una terapia no médica. Un programa adaptado de ejercicios
ayuda a recuperar la movilidad y la resistencia muscular,
y a reducir el dolor. Es necesario enseñar a los pacientes
cómo hacer frente a la enfermedad para mejorar su calidad
de vida. Sin embargo, muchas víctimas de la osteoporosis permanecen
mal informadas sobre su enfermedad y aisladas de la comunidad
sanitaria (3).
Conclusiones
Se requiere un trabajo efectivo para
combatir el incremento de las fracturas por osteoporosis y
el aumento de los recursos dedicados a la atención de esta
enfermedad. Se debe conceder prioridad a la educación de las
personas, sobre todo ancianas, para la prevención de las fracturas.
La información a la población puede aumentar el conocimiento
general sobre la osteoporosis y hacer que las personas adopten
una forma de vida más sana.
Debe prestarse una mayor atención a
las personas que presentan condiciones que lo predisponen
a padecer osteoporosis secundaria, teniendo como objetivo
primario el de prevenir las fracturas. Esto puede lograrse
disminuyendo los factores de riesgo posibles y utilizando
terapias que favorezcan el incremento de la masa ósea y eviten
las caídas.
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