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Historias interesantes

 

 

 

El heroísmo científico de Max von Pettenkofer

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas

Calle E No. 454 entre 19 y 21, Vedado.

El 7 de octubre de 1892, un anciano llamado Max von Pettenkofer, nacido 74 años atrás en Lichtenheim, en el valle del azul Danubio en Bavaria, realizó sobre sí mismo un experimento con el objetivo de confirmar una suposición que refutaba una teoría generalizada. Después de un tiempo de indecisión y de tanteos adolescentes, el joven Pettenkofer estudió medicina y una vez graduado, se dedicó a la investigación de los problemas de higiene y epidemiología en las ciudades. Como resultado de sus estudios, dictó incontables conferencias acerca del valor del agua pura, del aire fresco y de los parques, a los que consideraba pulmones de las ciudades en la preservación de la salud pública. Su perseverancia científica lo llevaron a hacer importantes descubrimientos, tales como el de la reacción química de las sales biliares y del anhídrido carbónico en el agua y en el aire. Por otro lado, sus estudios y enseñanzas dieron a la higiene la categoría de ciencia independiente.

En 1883 el científico alemán Robert Koch afirmó haber descubierto el bacilo productor del cólera, que por entonces hacía estragos en Alemania. Tiempo antes ya Pettenkofer se había referido a la existencia de ese microbio, e incluso había aclarado que la causa del cólera no sólo había que buscarla en su entrada al organismo humano, sino también en circunstancias de carácter higiénico. Otros hombres de ciencia, al ver que el bacilo se podía descubrir en el cuerpo y en las deyecciones de los individuos que contraían la enfermedad, insistían en que ella se desencadenaba al momento de la ingestión de alimentos o de agua contaminada. Fue entonces que Pettenkofer hizo alarde de heroísmo científico, cuando quizo demostrar lo erróneo de esa teoría con el experimento hecho sobre sí mismo.

Para realizar la prueba, el anciano obtuvo un cultivo en agar de bacilos coléricos, extraídos de las deyecciones de un individuo fallecido a causa de la epidemia de cólera reinante en Hamburgo. En presencia de amigos, discípulos y émulos científicos, depositó un centímetro cúbico de líquido del cultivo en un vaso. La luz se quebraba sobre el turbio fluido, dentro del cual se movían los bacilos que hicieron sangrar los intestinos del paciente de Hamburgo y lo llevaron a la muerte. Los bacilos eran bastantes como para infectar de cólera toda una colectividad humana. A fin de neutralizar la acidez de su estómago y de evitar todo lo que pudiera estorbar la acción de los terribles microbios, el valiente científico bebió primero una solución de bicarbonato de sodio. Acto seguido y, sin vacilar un instante, ingirió un trago del cultivo de bacilos de cólera.

Esta experiencia -a la que sobrevivió Pettenkofer, sin más que una leve alteración intestinal- no sólo sirvió para confirmar su suposición, sino también para dotar a Munich de agua pura desde un lago en la montaña. Tal medida salvó a la ciudad del tifus, endémico entre los bebedores de agua, pues sólo escapaban a la afección los adictos a la cerveza.

Acerca de su acto heróico, Pettenkofer escribió: "Aunque hubiera fallecido como resultado del experimento, habría mirado a la muerte con serenidad, por no haber sido mi acción una locura o un suicidio. En ese caso, se habría tratado de la muerte de un soldado en el campo del honor al servicio de la ciencia. Salud y vida son dioses grandes, pero no los principales para el hombre, que si desea elevarse sobre los animales, debe entonces sacrificar aquéllos por ideales más altos".

La noche del 10 de febrero de 1901, este médico e higienista tan genial en su ciencia como devoto servidor de la humanidad, vivía el trágico instante de dar cara a su pasado. Después de una vida consagrada al estudio y pletórica de acciones para beneficio de sus semejantes, el anciano, ya con 83 años y en la espantosa soledad de quien ha visto morir uno tras otro todos los miembros de su familia, no hacía otra cosa que meditar. Ya su nombre era mundialmente célebre y a él le restaban, según la ley biológica, algunos años de existencia gloriosa y serena a la luz de su destacado trabajo. Pero la vida pesaba demasiado y los muertos queridos le llamaban desde las sombras. Entonces fue que el hombre que jamás le temió a la muerte, apuntó una pistola hacia sí mismo y apretó el gatillo.

Otra faceta digna de la vida de este científico fue su dedicación al ejercicio de la enseñanza, desde donde fue también propulsor de la higiene. En Munich impartió Química Dietética (1847) e Higiene (1853). Allí se fundó también, en 1875, el primer Instituto de Higiene bajo su dirección. En 1883 obtuvo el título de noble y en 1889 fue nombrado Presidente de la Academia Bávara de Ciencias.

Max von Pettenkofer es considerado con justicia padre de la higiene experimental. La decisión y constancia con que encaminó su vida científica hacia la investigación de los problemas de la salud, lo ubican entre los más grandes higienistas del siglo XIX. La labor de este ilustre sabio alemán cobra aún mayor mérito, en virtud de que fue esa centuria abundante en descubrimientos en el campo de la higiene, promovidos por la pléyade de bacteriólogos que entonces actuaron. Por otra parte, este benefactor de la humanidad dio, con el hecho aquí narrado, un bello ejemplo de heroísmo y de bondad para con sus semejantes.

Bibliografía

Albrecht B, Albrecht G. Diagnosen. Berlin: Buchverlag Der Morgen, 1981:229, 231, 642.

Asimov I. Max Joseph von Pettenkofer. En: Asimov's Biographical Encyclopedia of Science and Technology. Garden City: Doubleday, 1982:397-8.

Borroto Mora A. Pettenkofer. Arte y Medicina 1956;4(23):43-4.

Martí Ibáñez F. Gloria y tragedia de Pettenkofer. Horiz Med 1944; 2(8-9):336-8.

 

La historia clínica de Cristóbal Colón

Autor: Lic. José Antonio López Espinosa
Centro Nacional de Información de Ciencias Médicas. Calle E, No. 454 entre 19 y 21, Vedado.

El nombre de Cristóbal Colón, el navegante genovés quien con sólo 25 años se instaló en Lisboa, estableció contacto con las grandes empresas descubridoras de Portugal, asimiló los conceptos sobre la esfericidad de la Tierra y elaboró un proyecto de llegar al oriente mediante la navegación hacia el occidente, está vinculado a la fecha del 12 de octubre, pues un día como éste del año 1492 llegó a la isla de Guanahaní, a la que bautizó como San Salvador. Ese acontecimiento lo convirtió en el descubridor de América.

En 1487, Colón había solicitado a los entonces reyes de España, Fernando e Isabel, le patrocinaran una expedición marítima a través del Oceano Atlántico con el propósito de llegar a Asia. Cinco años después no sólo logró la anuencia de los reyes, pues obtuvo también de ellos los títulos de Virrey y de Almirante, así como la promesa de la décima parte de las riquezas que consiguiera en sus diligencias.

En un segundo viaje que realizó entre 1493 y 1496, llegó a las Antillas Menores, Puerto Rico y Jamaica y fundó la Isabela, en la Española, en la que ya había estado en su primera incursión por la región. En su tercera expedición, realizada entre 1498 y 1500, descubrió la costa continental en la desembocadura del Orinoco y las islas de Trinidad y Cubagua. En el cuarto y último viaje, efectuado en 1502, descubrió la costa entre Honduras y Panamá. Murió con la convicción de que esas tierras pertenecían a Asia.

Los anteriores elementos son conocidos con mayor o menor grado de profundidad y tratados con amplitud en la literatura existente relacionada con el tema. Este trabajo pretende llamar la atención hacia algo poco sabido acerca de la vida de Colón, y a la vez recordar en unas pocas líneas el importante suceso que significó el descubrimiento de América, en este caso desde la perspectiva de las ciencias de la salud. Así, en vez de redundar en lo referente a Colón como navegante, Virrey o Almirante, se aborda aquí esta legendaria figura como paciente, para reafirmar de paso, el valor histórico de la profesión médica.

El hecho de que el descubridor de América fuera presa de algunas enfermedades -por regla general se ha concentrado más la atención en otros aspectos de la vida de los hombres ilustres-, lo ubica en el normal plano humano. He aquí la información recuperada para la elaboración de su historia clínica:

Antecedentes patológicos familiares
Padres robustos y saludables.
Doménico Colombio, el padre, fue cardador de lanas en una aldea ubicada cerca de Génova, Italia. Murió en 1497 a edad avanzada. Sussana Fontanarosa, la madre, era natural de Quezzi, en el valle de Bisagno, próximo a Génova. Falleció anciana en 1483.

De esta unión nacieron cuatro hijos, ninguno de los cuales mostró padecimientos hereditarios. Ellos fueron Cristóbal, Bianchinetta, Giovanni Pellegrino y Giacomo.

Esposas de Cristóbal fueron Felipa Muñiz y Perestrello y Beatriz Enríquez de Harana. Con esta última tuvo un hijo llamado Diego, que llegó a engordar de manera exagerada.

Antecedentes patológicos personales
Se desconoce si padeció enfermedades propias de la infancia, pero se sabe que fue víctima de blefaritis, orzuelo, fiebre palúdica, gota y fiebre tifoidea, con posibles complicaciones.

Examen físico general:
Normolíneo, más alto de lo común. Caminaba sin dificultad en sus primeros años. Con el transcurso del tiempo comenzó a confrontar problemas para andar, pues sentía dolores en las extremidades inferiores. Sus movimientos eran lentos, rígidos y trémulos. Piel blanca-rojiza con pecas; rubio (muy canoso a los 30 años); rostro luengo, ojos azules, nariz aguileña, boca mediana.

Hábitos tóxicos
Ninguno. Era moderado a la hora de comer o beber.

Género de vida
Marinero desde la niñez. Se mantuvo en la actividad de navegación durante más de 40 años, de ellos 23 en barcos.

Condiciones de vivienda
Pasó gran parte de su vida en barcos y en posadas porteñas.

Alimentación
Consumió los alimentos propios de los marinos de su época: trigo en forma de galletas o bizcochos, tocino, aceite de oliva, habas, pescado salado, sardinas, anchoas, carne (generalmente los jueves y los domingos) ajo, mostaza, higos secos, azúcar y vino. Cumplía todos los ayunos indicados por la iglesia.

Primer viaje
La primera enfermedad de que se tienen referencias padeció, fue la blefaritis (inflamación de los párpados), ocasionada seguramente por el esfuerzo constante y desesperado por "ver tierra", a pleno sol, salpicado por las olas, en una atmósfera muy diáfana, o bien en medio de la humedad nocturna. Su sentido de la vista, que por su tendencia al albinismo le permitía ver muy bien en un ambiente oscuro, estaba ya enfermo cuando vio "como una candelilla que se elevaba y trasladaba" en la noche virgen de San Salvador. Esto hizo que a la mañana siguiente presentara un paisaje nunca visto por los europeos.

Segundo viaje
A principios de abril de 1494, fue víctima de la fiebre palúdica. El 25 de septiembre del propio año -cuando navegaba entre Puerto Rico y Santo Domingo, con la esperanza de encontrar las tierras del Gran Khan-, después de más de cinco meses de navegación y de estar los últimos 33 días casi sin dormir, sufrió un colapso con postración extrema, depresión repentina y gran debilidad de las funciones cardíacas, por lo que se vio obligado a permanecer en reposo durante cinco meses.

Aunque por carencia de datos no se puede establecer diferencia de diagnóstico, puede afirmarse que, pasado el colapso, el almirante sufrió fiebre recurrente, enfermedad infectocontagiosa y tifus. La prolongada convalecencia pudo deberse a alguna complicación de parálisis parcial, disentería, escorbuto secundario o trastorno articular.

Tercer viaje
Al llegar la expedición a la zona tropical, el cambio de clima y la atmósfera calurosa y sofocante le produjeron un severo ataque de gota, seguido de fiebre violenta. Cuando salía del Golfo de Paria, volvió a aparecer la gota, en esa ocasión acompañada de oftalmia y dolores en las articulaciones inferiores y superiores. La última enfermedad soportada en este viaje se acrecentó por el sufrimiento moral a que fue sometido, al ser encerrado en oscura prisión en agosto de 1500 al llegar a la Española. Dos meses después partió rumbo a España, y en el viaje escribió una carta a su amiga Doña Juana de la Torre, en la cual se puede observar, en virtud de la forma en que expresó en ella sus ideas, hasta cierto desequilibrio síquico.

Cuarto viaje
La cuarta y última expedición del descubrimiento de América se vio afectada por un prolongado mal tiempo, al enconcontrarse ésta en las costas de Honduras. Este inconveniente obligó al almirante a habilitar un pequeño camarote en la popa de su barco y, desde allí, llegó a controlar y dirigir el rumbo de los demás barcos acostado en una cama. Fueron tantas las veces que se sintió mal, que creyó próximo su fin.

Cuando a mediados de octubre de 1502 llegó a la costa de Veragua (hoy Costa Rica), sufrió una gran fiebre y cayó rendido de sueño. Al año siguiente, cuando estaba en Jamaica, aparecieron de nuevo la gota y la fiebre palúdica, que esa vez lo dejaron tullido. Al regreso de su último viaje, Colón llegó casi ciego a San Lucar de Barrameda.

Muerte
El descubridor de América murió en Valladolid, el 20 de mayo de 1506, a consecuencia de complicaciones cardíacas producidas por un reumatismo crónico, que empezó por el ataque agudo que sufrió en 1498 durante su tercer viaje.

En los últimos meses de su intensa vida, el hombre de quien se dice regaló una mitad del mundo a la otra, no podía levantarse de la cama. Su cuerpo estaba muy inflamado desde el pecho hasta los pies y se puede afirmar que fue víctima de hidropesía cardíaca, a consecuencia de una antigua inflamación del endocardio, provocada a todas luces por un ataque de reumatismo agudo, que alteró tanto la organización como el funcionamiento de su corazón, el cual fue disminuyendo su actividad hasta que dejó de latir.

Consideraciones generales
Por razones obvias, la recopilación de los datos presentados no reúne los requisitos para que pueda catalogarse en rigor como una verdadera historia clínica. No obstante, este trabajo -quizás más vinculado con la historia que con la clínica- debe su nombre al hecho de que la información que brinda puede ser atractiva, por tratarse de un asunto poco divulgado hoy día en relación con la vida y la salud de Cristóbal Colón.

Como se puede inferir de su lectura, el artículo es resultado de la consulta de algunas fuentes primarias que se han ocupado de este aún discutido y discutible tema, que por demás debe resultar interesante para la generación actual y las generaciones futuras de médicos de todo el mundo, sobre todo para aquellos que ejercen o que son oriundos de la región americana.

Bibliografía
Artiles J. Notas para la historia de la medicina en Cuba, hasta el establecimiento del Real Protomedicato. Rev Med Cub 1959;70: 533- 8.

Davis DJ. The medical history of the 4 voyajes of Columbus. Proc Inst Med Chicago 1951;18:363-5.

Fernández de Ibarra AM. La historia médica de Cristóbal Colón y médicos que de algún modo se relacionaron con el descubrimiento de América. Rev Bim Cubana 1906;11:275-6, 360-91.

Garrison FH. An introduction to the history of medicine. Philadelphia: WB Saunders, 1929:189-90

Guerra F. Las enfermedades de Colón. Médico 1986;6(194):36-50.

Lungonelli M. Colombo e il morbo gallico. Bol Civ Inst Colom 1953;2:51-64.

Sticker G. Die Krankheiten in Mittelamerika zur Zeit des Kolumbus. Janus 1924;28:232-304.

 



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