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13 de agosto del 2002
- Compañeras
y Compañeros
Queridos graduados:
Hoy es un
día importante en la vida de ustedes. Luego de varios años
de estudios intensos llegan a ese momento en el que al nombre
se le agrega delante un título. Pero eso no es lo más
importante. Siempre se dice que no ha llegado el final, que ahora
es cuando en realidad comienza todo, y es cierto. Deben tener
presente en el paisaje que avizoran, un largo trayecto empinado
y difícil hacia la cumbre de los conocimientos que necesitan
para servir mejor al pueblo.
En Cuba graduarse
de medicina, estomatología , enfermería o tecnología
de la salud tiene un significado especial, supera a la realización
individual o al cumplimiento de una vocación.
Un profesional
de la salud trasciende al ámbito social y se transforma
en parte de la obra de la Revolución, en demostración
fehaciente de que se puede construir una sociedad distinta con
hombres y mujeres que practican la solidaridad, que no ven en
la enfermedad un vulgar negocio y no tratan algo tan sagrado como
la salud y el sufrimiento humano cual simples mercancías.
Podrán
alcanzar un desarrollo de los conocimientos médicos, con
todas las posibilidades de llegar a estar entre los profesionales
y académicos más reconocidos del mundo, y aún
mejor podrán llegar a convertirse en seres humanos plenos,
comprometidos con nuestra historia y, más allá de
nuestras fronteras, vanguardias de la idea integradora de Nuestra
América y del mundo que soñara José Martí.
Solo tendría
que agregar a la singularidad y la importancia de graduarse de
Ciencias Médicas en Cuba, el hecho de que lo hagan un 13
de Agosto, fecha que también nos recuerda la convicción
martiana cuando habló de hombres que podían llevar
en sí el decoro de todo un pueblo.
En unos momentos
más cuando reciban el titulo de graduados, estarán
entrando definitivamente a formar parte de un sistema de salud
único en el mundo.
De una precaria
situación existente antes de 1959, con abandono total de
los habitantes de las áreas rurales y de los barrios marginales
en las ciudades, niños famélicos, repletos de parásitos,
que morían de diarreas y neumonías; en fin, una
vida sin expectativas;
Hemos construido
lo que apreciamos hoy :UN SISTEMA DE SALUD CON ATENCIÓN
GRATUITA Y ACCESIBLE A TODOS. ¡Miles de personas salvadas!.
En fin, las expectativas de vida se abren hacia horizontes más
lejanos.
En nuestro
país el sistema de salud garantiza seguridad para cada
ciudadano. En cualquier rincón donde esté, siempre
encontrará cerca un médico o una enfermera.
Antes de nacer
un cubano, miles de personas se estarán preocupando por
él : la captación temprana del embarazo, los doce
controles prenatales, la alfa feto proteína, el ultrasonido
diagnóstico y otras pruebas, propician al máximo
las posibilidades de un nacimiento feliz.
Después
del parto, que se realiza en instituciones apropiadas continúan
las garantías para la madre y el niño. La prueba
de la fenilcetonuria es una buena demostración del carácter
profundamente humano de la Revolución. Se tiene organizado
el programa para detectar a los tres niños que por cada
150 mil nacimientos padecen de esta cruel enfermedad. Desde el
año 1986 han sido diagnosticados 45 niños.
Todos los
niños crecen alegres bajo la atenta mirada de la sociedad.
Se vacunan contra 13 enfermedades prevenibles. Al llegar a adultos
el cuidado de la salud sigue siendo una prioridad de nuestro estado.
Para ello se han formado cientos de miles de técnicos,
enfermeros, estomatólogos y médicos en las escuelas
y facultades construidas en todas las provincias.
Estos resultados
en la docencia y la asistencia médica se acompañan
de un sistema de vigilancia epidemiológica, de numerosos
centros de investigación de nivel internacional y de una
industria farmacéutica que se recupera y permite mejorar
la disponibilidad de medicamentos.
Para trabajar
en un sistema de salud como el que hemos descrito necesitamos
inculcar en los estudiantes un elevado compromiso con su pueblo,
tenemos que graduar un revolucionario capaz de comprender su papel
en nuestra sociedad en cada circunstancia, incondicional a la
idea de que su deber es estar donde más lo necesiten, con
la solidaridad a la vista y el interés de agotar las posibilidades
de enfrentar y resolver los problemas de salud de todos los pacientes
que acuden a él.
Un profesional
que se desempeñe con profunda ética siguiendo los
principios básicos recientemente expresados por uno de
nuestros grandes profesores: la preparación académica
para un correcto diagnóstico, una terapéutica adecuada
y la aplicación de un método apropiado para llegar
a conclusiones certeras sin convertirse en esclavo de análisis
complementarios y de altas tecnologías; discreción
y modestia, una gran sensibilidad humana, a lo cual debemos añadir
una cultura integral que le permita estar a la altura de lo que
alcanzará nuestro pueblo en muy pocos años.
Esta será
la única forma de abordar y obtener del paciente los datos
necesario y la cooperación indispensable sin olvidar aquel
aforismo aprendido de nuestros mejores profesores en las aulas
universitarias: El que solo de Medicina sabe, ni de Medicina
sabe
La vida ha
demostrado que el profesional de la salud con esas cualidades
abunda en Cuba. Contamos con hombres y mujeres capaces de lograr
insospechadas metas.
Durante los
últimos 10 años, mientras transcurría el
Período Especial, nuestros compañeros hicieron un
enorme esfuerzo para garantizar que se mantuvieran los extraordinarios
resultados que casi a partir de cero: una sola Facultad de Medicina,
la mitad de los 6,000 médicos y el 40% de los profesores
que disponía el país y que el imperialismo no pudo
arrebatarnos, la Revolución alcanzó en la esfera
de la salud de nuestro pueblo. Los indicadores básicos
no retrocedieron, algunos incluso mejoraron.
En todo el
país la inmensa mayoría de los abnegados combatientes
de esta esfera cerraron filas y en medio de grandes dificultades
económicas, impidió a nuestros compatriotas la terrible
angustia de ver perder lo que con razón podría calificarse
como una las más nobles y humanas conquistas de nuestro
heroico pueblo.
Se produjo
así una contradicción que hoy impresiona al mundo:
índices de salud en un país pobre y bloqueado, y
en especial, garantías de servicios médicos gratuitos
para toda la población que no disfrutan los propios países
capitalistas desarrollados.
Médicos
y personal cubano de la salud, fieles a una gloriosa tradición
iniciada en 1961, protagonizan hoy, con más éxito
y eficacia que nunca y a pesar de las circunstancias adversas
señaladas, la hermosa historia de las misiones internacionalistas.
Campeones
olímpicos del verdadero humanismo, vencedores de la muerte,
como los llamara Fidel, han sido capaces de cruzar el mar, arribar
a los rincones más lejanos e inhóspitos y allí
sentar sus cátedras de solidaridad y amor, sin otra recompensa
que el cariño de los pueblos. El Programa Integral de Salud
creado a raíz de los desastres causados por el huracán
Mitch en Centroamérica se extiende ya a 20 países
de América Latina, África y Asia.
Tuve el privilegio
de convivir en Guatemala con una Brigada de casi 500 compañeros.
Pude apreciar en ellos la grandeza de la Revolución. Héroes
que no saben que lo son, se entregaban cada día al cuidado
de la salud de aquel pueblo, sin escatimar horas ni sacrificios.
Era natural, espontánea, salida de lo más transparente
del alma, la entrega cotidiana que asombraba, sin embargo, a todos
los que los conocían.
Entre muchas
de las anécdotas que son parte de la historia del Internacionalismo
en Cuba, viene a colación la sucedida a una joven doctora
quien tuvo que atender, lejos de su puesto de salud, a un niño
muy enfermo que pudo salvar.
Era tarde
y al regresar se perdió en la selva. Al cabo de varias
horas encontró el camino. Cuando llegó al consultorio
y miró el reloj, ya hacía un buen rato que había
pasado las 12 de la noche. Entonces, olvidando el peligro, pensó
que la vida de ese niño era el mejor regalo para nuestro
pueblo y para el compañero Fidel, porque aquella era la
madrugada del 13 de Agosto del año 2000.
Ha sido grande
la misión de los trabajadores de la salud en Cuba, no obstante
se requiere de un esfuerzo mayor y de comprender cuanto más
podemos hacer todavía.
Objetivamente
y de forma inevitable el período especial, originado por
la desaparición del campo socialista y de la URSS, sumado
al recrudecimiento del bloqueo, afectó a nuestro sector
del mismo modo que a todas las ramas de la economía y los
servicios.
En estas circunstancias
las condiciones de trabajo, la situación constructiva,
los sistemas ingenieros y el equipamiento médico, como
es conocido, sufrieron gran deterioro. Se acumularon grandes problemas
materiales. Hubo deterioro en el sentido del deber y la conducta
de un determinado número de compañeros.
Como decía
nuestro Comandante en la graduación de la escuela de enfermería
del Cotorro, cuando habló de indolencia e irresponsabilidades
en cuanto a la atención a los pacientes, que no dependen
de equipos y recursos materiales: El buen trato no cuesta
un centavo y debe haber un átomo de espíritu de
solidaridad, de sentimientos humanos hacia cualquier persona que
debe ser atendida.
En estos días
nos hemos reunido con numerosos compañeros, los hemos escuchado,
hemos intercambiado opiniones. Compartimos con ellos la convicción
de que muchos problemas pueden ser resueltos con organización,
disciplina, exigencia, control, imaginación, creatividad
y una mejor utilización de los recursos.
¡Cuánto
pueden hacer las escuelas de formación de técnicos
y los Institutos de Ciencias Médicas para mejorar la calidad
del ingreso, alcanzar una mejor integración con los servicios
de salud, y garantizar la formación de un profesional con
sólidos conocimientos científicos, políticamente
preparado y culto!
¡Cuánto
puede hacerse en los hospitales y policlínicos con sus
especialistas de alta calificación para lograr la mayor
satisfacción de la población, suprimiendo cualquier
indolencia, insensibilidad y descuido en el cumplimiento del sagrado
deber con el paciente!
¡Cuánto
pueden hacer nuestros médicos y enfermeras de la familia,
los especialistas de Medicina General Integral, para alcanzar
el máximo provecho de esta revolucionaria transformación
prácticamente única en el mundo!
El médico
de la familia es el guardián de la salud del pueblo. Su
consulta es la puerta de todos los servicios de salud y desde
allí la población debe sentir que, de la mano de
su médico, puede llegar a donde su problema de salud lo
requiera.
Sabemos que
hay que dejar atrás esquematismos, incomprensiones sobre
las características y funciones de esta nueva especialidad,
así como errores en la formación de los especialistas.
Aspiramos a que cada médico de la familia se sienta motivado
por serlo y comprenda la responsabilidad que tiene ante su pueblo.
Por otra parte,
el desarrollo de la Atención Primaria, de la medicina preventiva,
es la única opción para resolver eficientemente
los problemas de salud del mundo.
¡Cuánto
pueden hacer todos lo trabajadores, ya sea un técnico de
un laboratorio, o alguien dedicado a mantener bien limpio un centro
de salud, para desde su puesto de combate, participar activamente
en esta nueva etapa que se concibe!
Los problemas
se conocen. Los objetivos y los subjetivos. Existe la voluntad
de encontrar soluciones a los graves problemas materiales. Todo
no puede hacerse en un día y los recursos del país
son limitados pero se encontrarán los medios y los métodos
apropiados, inspirados en nuevos conceptos surgidos al calor de
la gran batalla de ideas que estamos librando.
El trabajo
de nuestro Ministerio se hará en correspondencia con este
empeño. Estaremos en permanente intercambio con los servicios
de salud y sus trabajadores. Todos tenemos que participar, aportar
ideas, pensar constantemente cómo hacer mejor las cosas.
Debemos conocer las cualidades de todos y de modo especial las
capacidades para organizar, dirigir y actuar con la verdad, y
analizar y explicar con argumentos serios y convincentes cualquier
dificultad.
Debemos empeñarnos
en resolver con prioridad los problemas más críticos
que afectan la calidad de los servicios a la población.
No debe haber
un trabajador que no sepa ni pueda explicar el efecto del bloqueo
en el sector de la salud, que no conozca las enormes diferencias
entre lo que ocurre en Cuba en esta esfera y la situación
en el resto del mundo, en particular los sufrimientos de niños
y mujeres, de los que enferman de SIDA o mueren de enfermedades
infecciosas que pueden prevenirse.
Debemos estudiar
más la historia de Cuba y la historia de las ciencias médicas
en nuestro país. Las tradiciones y los precursores que
nos han traído hasta aquí.
Debemos tener
un sistema de salud en el cual siga confiando nuestro pueblo y
en el que confíen nuestros trabajadores ;
Seguros de
que en un país que sabe repartir lo poco entre muchos,
y donde los recursos disponibles no van a parar, como sucede en
otras latitudes, a los bolsillos de los que dirigen la nación,
se hace y hará todo lo necesario para hallar solución
a los problemas.
No es esta
tarea de una sola persona, de un Ministro en este caso que necesita
y desea aprender junto a todos, debe ser tarea de muchos, de miles
de profesionales, técnicos y trabajadores de la salud,
concertados en un esfuerzo común y con el apoyo de toda
la sociedad.
Necesitamos
la colaboración de nuestros grandes profesores, ellos nos
enseñaron con su ejemplo, y siguen dando lo mejor de sí.
Y los debemos atender como merecen.
Necesitamos
la colaboración de las enfermeras y enfermeros. Representan,
en su constante proeza por la vida, los valores más nobles
del ser humano. Son la garantía , la tranquilidad de los
pacientes y la estabilidad de los servicios. Sin ellos ninguna
solución sería posible.
Recabamos
la cooperación de los técnicos de la salud, quienes
se han desempañado con tenacidad y perseverancia en su
trabajo cotidiano.
Pedimos el
apoyo de los trabajadores de los servicios, asistentes, operarios
de la campaña, económicos, contadores, administrativos,
chóferes: personas imprescindibles para que todo marche
bien.
Necesitamos
la colaboración de los profesionales llamados NO PROPIOS:
psicólogos, ingenieros, licenciados, TAN NUESTROS que sin
ellos sería imposible pensar en una atención médica
de calidad.
Pedimos la
cooperación de todos los especialistas: estomatólogos,
tecnólogos de la salud, médicos de la familia. Su
lugar está en la primera fila, actuando correctamente frente
al paciente, orgullosos de curarlo y más satisfechos aún
de que se mantenga sano.
Una misión
especial reservamos para los estudiantes, en los cuales debemos
encender desde el primer día la llama de la inconformidad
y la exigencia, pidiéndoles que donde estén, a su
alrededor, solo se respire el aire que emana de la solidaridad
y el buen trato.
Es lo que
solicitamos a ustedes, estudiantes de esta graduación,
que marchen a la vanguardia, con energía, firmeza, espíritu
renovador y desplieguen las cualidades que les permitieron vencer
las duras pruebas de la carrera, sin olvidar que lo que serán
a partir de hoy y los méritos que podrán alcanzar
en el futuro, son el fruto del sudor de los más humildes
de este pueblo a los que el poeta Cintio Vitier llamó sustentadores
de la vida.
Con esa esperanza
les damos la bienvenida a la familia de los trabajadores de la
salud. Los recibimos y en nombre de nuestro pueblo los felicitamos;
a sus profesores, a sus padres que con su apoyo y los valores
que sembraron en sus hijos contribuyeron a este feliz minuto en
que todos recibirán su título.
¡ Viva
la graduación XX aniversario del Destacamento Carlos J.
Finlay !
¡ Viva
Fidel !
¡ Hasta
la victoria siempre !
¡ Patria
o Muerte !
¡ Venceremos
!