PANEGIRICO AL SABIO CUBANO DR. CARLOS J. FINLAY
3 de diciembre de 1996. Parque Carlos J. Finlay
Hoy, 3 de diciembre de 1996, se cumplen
163 años del nacimiento de Carlos J. Finlay, y encontramos la
ocasión propicia para rendir tributo al científico-eminente que
concibió una hipótesis y la convirtió en teoría científica, abriendo
así un nuevo capítulo en la medicina tropical.
La celebración de estos actos anualmente,
obligan a hacer algunas reflexiones sobre la vida y obra del sabio
cubano que con sus descubrimientos trascendió nuestras fronteras
convirtiéndose en un Benefactor de la humanidad.
Finlay se graduó de Médico en la ciudad
de Pennsylvania, E.U.A., en el año 1855, a los 22 años de edad.
Reválida su título en la Universidad de la Habana el 15 de marzo
de 1857 y desarrolla, a partir de entonces, todos sus trabajos
como médico en Cuba, su país natal.
La significación universal del aporte
de Finlay a las Ciencias Médicas es ampliamente reconocida. Son
numerosos y notables los trabajos donde se analiza este aporte.
Bástenos entonces recalcar su carácter verdaderamente revolucionario
dentro de la interpretación histórica de la causalidad de las
enfermedades.
Finlay, no a través de una clarividencia
momentánea, no a través de un hallazgo fortuito o de un golpe
de suerte sino como producto de décadas de trabajo paciente, abnegado
e inteligente, emite primero una hipótesis, completa en forma
genial una teoría sobre la transmisión de la Fiebre Amarilla por
el mosquito hoy denominado Aedes Aegypti, la demuestra experimentalmente
y señala las medidas a tomar para la erradicación de la enfermedad,
con muchos años de anticipación a la capacidad de comprensión
y aceptación de la misma por los médicos, no tan solo del ámbito
nacional, sino también del internacional.
La Fiebre Amarilla sólo pudo ser controlada
mundialmente cuando la doctrina de Finlay fue reconocida y se
pusieron en ejecución las medidas sanitarias recomendadas por
él desde 1898, eliminándose del país, en el corto período de un
año, una enfermedad endémica durante siglos y que había causado
más de 200 000 muertes tan sólo en Cuba durante su etapa colonial.
Siempre asociamos a Finlay con la Fiebre
Amarilla. Pero la doctrina Finlaísta rebasa ampliamente el marco
de esta enfermedad.
Cuando ya por su edad, casi setenta
años, parecía imposible esperar más de la actividad creadora del
sabio, comienza Finlay a desarrollar como higienista social una
labor de extraordinaria importancia al fundar, organizar y dirigir
el naciente sistema sanitario estatal cubano.
El Dr. Carlos J. Finlay abandonó sus
altas responsabilidades al frente de la sanidad nacional, con
76 años de edad, había unido a sus glorias científicas un ejemplo
de reafirmación patriótica de permanente vigencia.
El estado sanitario del país se modificaba.
El último caso reportado de Fiebre Amarilla, que se tenga conocimiento,
ocurrió en 1908. Sin embargo, al año siguiente se produjo el primer
brote de poliomielitis y ese mismo año hubo 15 689 defunciones
por paludismo. La mortalidad infantil, la mortalidad por tuberculosis
y las enfermedades infecciosas gastrointestinales incidían negativamente
en el cuadro de salud.
Para nuestro país el ejemplo y la fuerza
de la figura de Carlos J. Finlay cobró vida nueva con la victoria
revolucionaria del 1o. de enero de 1959. Por primera vez en la
historia de Cuba el poder pasa a manos de una alianza de las masas
populares, donde tienen el papel dominante los intereses de la
clase obrera y de los campesinos trabajadores. El proceso democrático-popular
y antimperialista inicia una profunda revolución social que se
reflejó en la salud pública a toda la población. Tal fue el impulso
que se puede afirmar que ya en 1960 se había cumplido el programa
del Moncada.
A lo largo de todo este período revolucionario
se produjeron numerosas transformaciones que permitieron la conversión
de un régimen neocolonial y dependiente a un país en vías de desarrollo.
Rápidamente el proceso revolucionario determinó profundos cambios
en el cuadro de salud, gracias a una política nacional de salud
dentro del marco general de la política de desarrollo integral
y armónico de la nación.
Los avances alcanzados en la cobertura
de salud, con el incremento de la red de instituciones, el desarrollo
de la higiene y la epidemiología, hicieron posible ya en los primeros
años de este período cambios favorables en el estado de salud
de la población, como fueron: descenso de la natalidad, desaparición
de la tuberculosis entre las diez primeras causas de muertes,
descenso de las enfermedades diarreicas agudas, erradicación del
paludismo, erradicación de la poliomielitis y disminución de la
mortalidad infantil, entre los principales logros de este período.
A partir de 1970 la organización de
la salud pública se desarrolla de forma acelerada, introduciendo
los principios de la salud pública socialista, concretando una
política y la creación de un sistema único de salud, así como
la extensión de la cobertura de los servicios a todo el país,
subordinándolo a un sólo organismo rector, el Ministerio de Salud
Pública.
El sistema único propició un vertiginoso
crecimiento, apoyado por toda la base económica. La necesidad
de la práctica social aceleró la creación de unidades de investigación
de los problemas de la administración de la salud, la epidemiología
y la higiene, y en 1974 apareció el nuevo modelo de atención médica
primaria que reafirmó una forma superior de participación popular
en los servicios de salud.
Durante estos años de revolución se
desarrollaron programas de vacunación a toda la población, donde
se ha destacado de forma importante la participación de las organizaciones
de masa, que han hecho posible realizar campañas de vacunación
efectivas en forma universal y en tiempos increíbles. Una vez
más se aplican las enseñanzas del sabio Carlos J. Finlay y de
un grupo de destacados sanitaristas de finales de siglo pasado
y principios del presente. Esta y otras medidas organizativas
y conceptuales determinaron un cambio importante en la atención
médica, de eminentemente curativa a fundamentalmente preventiva.
Un nuevo enfoque de la atención primaria
a partir de 1984, con la incorporación al sistema de salud del
médico de la familia, condujo a un perfeccionamiento del Sistema
Nacional de Salud con la dispensarización total de la población,
el seguimiento de los enfermos crónicos, la atención a la embarazada,
al niño y al anciano, y un profundo conocimiento de la morbilidad
de la población, abriendo un campo de experimentación y análisis
para una redefinición continuada del papel de este médico.
Mientras tanto, el mundo actual, especialmente
el subdesarrollado, el del Tercer Mundo, sigue sufriendo de hambre
y de los embates de las enfermedades infecto-contagiosas y de
epidemias que se extienden por paises y continentes, como la meningitis
meningocóccica, y la reaparición del cólera y el denge en América
Latina, capaces de diezmar la población y crear problemas sanitarios
de difícil solución. Enfermedades, que por demás son la expresión
de la pobreza, de la falta de recursos y de la explotación de
las sociedades menos desarrolladas. O enfermedades como el SIDA
expresan la decadencia de sociedades envilecidas y deformadas.
En Cuba, extrañas apariciones de epidemias
como el dengue hemorrágico en 1981 y más recientemente la neuropatía
epidémica fueron combatidas, controladas y erradicadas gracias
al nivel de organización, a la prioridad del Estado y gobierno
a los problemas de salud y sobre todo a una voluntad política
capaz de convertir en victoria cualquier tipo de agresión, ya
sea biológica o de otro origen.
Hoy a los 163 años del nacimiento de
Carlos J. Finlay su gloria científica es reconocida por organismos
internacionales e instituciones y personalidades de todos los
países del mundo. Pero mucho más que esos justos reconocimientos
es que su obra lo sitúa entre los grandes forjadores de la nacionalidad
cubana y que su recuerdo perdure eternamente aureolado por la
admiración, el agradecimiento y el cariño de todo su pueblo, para
quien es indiscutiblemente, el símbolo mayor del investigador
científico cubano.
Para nosotros, trabajadores de la Salud
Pública Cubana, será eterno el ejemplo del Sabio Cubano sobre
todo cuando cada día nos enfrentamos a los obstáculos y dificultades
externas para luchar contra la enfernedad y la muerte; son los
que bloquearon ayer la obra de Finlay y después trataron de adueñarse
de los trabajos, los que cruelmente nos bloquean en nombre de
la prepotencia; pero hoy como ayer y todavía multiplicados por
miles, cientos de miles de Finlay, nosotros sabremos defender
con consagración e inteligencia nuestra justa, humana y solidaria
causa.
Muchas gracias
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