PERSPECTIVAS DE LA ATENCION DEL ADULTO MAYOR EN CUBA
Dr. Carlos Dotres Martínez
MINISTRO DE SALUD PUBLICA
DE LA REPÚBLICA DE CUBA
10/5/96
I. INTRODUCCION
El envejecimiento individual no es
un fenómeno exclusivo de las sociedades modernas; ha estado presente
en todas las etapas del desarrollo social y ha sido siempre de
interés para la filosofía, el arte y la medicina. Sin embargo,
durante el presente siglo asistimos a una situación singular:
más y más personas sobrepasan las barreras cronológicas que el
hombre ha situado como etapa de vejez lo que ha convertido al
envejecimiento poblacional en un reto para las sociedades modernas.
Esto, considerado como uno de los logros más importantes de la
humanidad, se trasforma en un problema, si no se es capaz de brindar
soluciones adecuadas a las consecuencias que del mismo se derivan.
Según datos de las Naciones Unidas,
en 1950, existían en el mundo 200 millones de personas mayores
de 60 años, pero ya en 1975 esta cifra alcanzó los 350 millones.
Las proyecciones demográficas indican que en el año 2000 habrá
alrededor de 600 millones de ancianos, cifra que prácticamente
se duplicará en el año 2025.
Para muchos, todavía este fenómeno
no es un problema del Tercer Mundo, sino propio del mundo desarrollado.
En realidad, hace ya más de un decenio se reconoce lo contrario.
En 1950 existía igual proporción de personas viejas viviendo en
países desarrollados que en países en desarrollo y se espera que
para el año 2000, dos de cada tres ancianos vivan en las zonas
menos favorecidas económicamente. En los próximos 40 años, 8 de
los 11 países más envejecidos del mundo, pertenecerán al grupo
de países en vías de desarrollo. Los pronósticos con relación
a las tasas de crecimiento esperadas de la población general permiten
asegurar que el procentaje de la población anciana se duplicará
en los próximos años en estos países.
Si se busca a fondo lo que los términos
relativos pueden decir, el Tercer Mundo deberá añadir a los latentes
problemas de la deuda externa, el inadecuado órden económico y
la falta de una integración económica eficaz, el envejecimiento
de sus poblaciones y deberá hacerlo con una ínfima parte de los
recursos con los que cuentan los países desarrollados.
Por otra parte, esta transición demográfica
en los países en desarrollo ha ocurrido muy rápidamente, lo que
ha acentuado la dificultad de su manejo; ellos deben responder
a una diversidad de prioridades y tienen grandes dificultades
para cambiar, tan rápidamente, el órden de éstas. Los programas
de control de la natalidad, con la consiguiente disminución de
la misma y la aplicación de mejoras sociales en algunos de estos
países, han permitido un envejecimiento demográfico que no se
correlaciona con una mejoría espectacular de la situación socioeconómica
de los mismos. Las personas de la tercera edad que viven en el
Sur y en especial los que viven en América Latina deben sumar
a la pérdida de la capacidad de adaptación que impone el envejecimiento
y a las particularidades que las enfermedades de la vejez conllevan,
un medio ecológico y socioeconómico hostil al cual deben adaptarse
o perecer.
El crecimiento de este segmento poblacional
determinará un aumento de los gastos estatales dedicados al mantenimiento
de esta fracción, usualmente no productiva económicamente, ya
que no sólo aumenta el número y proporción de ancianos sino que
se prolonga la cantidad de años vividos en esta etapa.
El aumento galopante de la urbanización
y la migración interna del campo a la ciudad de las generaciones
más jóvenes en busca de mejores empleos y oportunidades, empeoran
el cuadro y hacen que cambien las estructuras tradicionales de
la familia y sus posibilidades. El resultado de éstos y otros
factores están claramente ilustrados en relación a los cuidados
de la población anciana; lo que ancestralmente era brindado por
la familia va siendo sustituido por el estado y otras formas institucionales.
La repercusión del envejecimiento y
las enfermedades que se le asocian sobre los sistemas de salud
son evidentes. Los ancianos constituyen los mayores consumidores
relativos y absolutos de servicios de salud y medicamentos en
cualquier país, lo que determina una preocupación especial aún
en los países económicamente más poderosos.
Ya la Organización Mundial de la Salud,
impulsada por el objetivo de sus países miembros de lograr: Salud
para todos en el año 2000, definió en el llamado "Principio
de la Igualdad" de la Declaración de Alma Ata, lo siguiente:
"La grave desigualdad existente
en el estado de salud de la población, especialmente entre los
países en desarrollo y los desarrollados, así como dentro de cada
país, es política social económicamente inaceptable y por tanto
motivo de preocupación para todos los países".
El reconocimiento que este principio
hace a la diferencia objetiva y señalada entre el estado de salud
y asistencia social del mundo desarrollado y el de los países
en desarrollo es un marcado paso de avance. Sin embargo, esta
realidad aunque sea inaceptable, es sin duda muy difícil de modificar
bajo las condiciones actuales en que vive el planeta.
Cuba es un ejemplo de país en desarrollo
con un envejecimiento importante de su población. El 12% de los
cubanos tiene 60 años o más, cifra que aumentará, según estimaciones,
a un 14% en el año 2000 y a 21% en el 2025, con una expectativa
de vida al nacer actual de 75 años. En términos relativos la proporción
de ancianos en Cuba es superior a la de los países subdesarrollados.
Para el año 2000 alcanzará casi el doble si se compara con los
países en vías de desarrollo y cerca de 1,5 veces con relación
a las cifras mundiales. Esta proporción se mantendrá en el año
2025.
El envejecimiento no sólo se ha comportado
como un aumento de la cantidad absoluta y relativa de los ancianos,
ha aumentado tambien ostensiblemente la cantidad de años que han
de vivir éstos al arribar a la tercera edad. La expectativa de
vida geriátrica o expectativa de vida a los 60 años, en Cuba,
ha aumentado sensiblemente: en 1950 ésta era de 15,5 años y en
menos de 40 años se elevó a 20,5 años, según datos de 1986. Los
actuales niveles de envejecimiento de la población anciana son
comparables con los más altos del mundo. Especialmente es destacable
la expectativa de vida geriátrica de los hombres cubanos, la cual
excede los 19,5 años.
Un dato importante que se comienza
a manejar es el aumento de la cantidad de los llamados "viejos
viejos", con implicaciones socioeconómicas y médicas muy
especiales. La expectativa de vida actual de las personas que
en Cuba cumplen 80 años es de 7,6 años.
Estos hechos que testimonian el aumento
de la longevidad de nuestra población, representan a la vez un
avance y un reto para su atención. A este reto, debe dedicarse
el mayor esfuerzo.
II. ETAPAS DE LA ATENCION AL ANCIANO
EN CUBA
Período Prerevolucionario:
La atención al anciano cubano se limitaba
en los años 50, a los beneficios derivados de un pequeño presupuesto
estatal que no siempre cumplía sus objetivos y a las recaudaciones
obtenidas por instituciones religiosas y caritativas. Estos escasos
recursos sólo permitían subsistir a unos 20 "asilos"
de ancianos, atendidos principalmente por personal eclesiástico.
En esta época, en Cuba no existía una tradición geriátrica y solamente
un mal llamado "Instituto del Viejo" de carácter privado,
que atendía a un pequeño grupo de ancianos dentro del Sistema
Mutualista.
La falta de fuentes de datos hacen
muy difícil resumir cuantitativamente esta etapa, desde el punto
de vista de la atención al anciano.
Período Revolucionario:
Al inicio de los 60 se producen radicales
cambios políticos y socioeconómicos los cuales repercuten en todos
los aspectos de la vida del país. La salud tiene un papel prioritario
en esta nueva concepción. Garantizada para la totalidad de la
población y con carácter gratuito, la atención al anciano es,
en su condición de componente vulnerable de la sociedad, una de
las más beneficiadas con estos cambios.
Al cumplirse con este principio básico,
que supera de una vez las diferencias e iniquidades de la sociedad
y que como condición primera garantiza iguales derechos sociales
a todos los ciudadanos, se inicia no sólo una profunda reforma
en los sectores de la salud y seguridad social, sino que además
se cumple con un objetivo que aún parece inalcanzable, incluso
quimérico, no sólo para la Cuba de ayer sino para muchos países
cuarenta años después y a las puertas de un nuevo milenio.
Esto, no podemos olvidarlo, se hace
en medio de unas circunstancias económicas muy difíciles agravadas
por el criminal bloqueo que, injusto y con intenciones genocidas,
nos impone el imperialismo norteamericano.
Como es bien conocido los programas
actuales de atención al anciano no cubren todas las necesidades
de las personas de 60 años y más. Estas necesidades son similares
en casi todos los países de América Latina, pero las diferencias
estriban en el orden de prioridades que les dá cada país. La familia,
por si sola, ya no puede atender los nuevos problemas y necesidades
sin el apoyo de programas y servicios de la sociedad, patrocinados
por los gobiernos u organizaciones no gubernamentales, a menudo
en asociación con organizaciones voluntarias. Existe disparidad
entre la disponibilidad y la distribución de los recursos técnicos
y humanos entre los países de la región, y aún dentro de un mismo
país, entre las áreas urbanas y rurales.
Cuba no está excluída de los fenómenos
de la sociedad moderna que desvirtúan en cierta medida el papel
protector de la familia hacia el adulto mayor. Por otra parte
los programas de pensiones, seguridad social y atención médica
gratuita han de enfrentar las demandas crecientes de este grupo
poblacional. Citemos, por ejemplo: en el país existen casi 40500
adultos mayores que reciben asistencia social. Algo más del 9%
de los ancianos viven solos y se considera que alrededor del 13%
tengan algún grado de conflicto filial, lo que unido a cierta
tendencia a la jubilación temprana nos obliga a proyectarnos hacia
una mayor atención comunitaria de los adultos mayores a través
de los Consejos de Salud e instituciones diurnas para ancianos.
Todo lo anterior, asociado al poco
valor de las formas tradicionales de medir salud en el anciano
y el porciento de necesidades no reconocidas de los mismos, determinó
que tomando en cuenta nuestra realidad y la experiencia internacional,
se implementara una política de desarrollo de la atención al anciano.
Esto hace que la más alta dirección del gobierno de nuestro país
y en conmemoración con el X Aniversario de la Asamblea Mundial
de Envejecimiento decidiera acrecentar los esfuerzos y dinamizar
las respuestas necesarias para que Cuba cumpliera con los principios
y recomendaciones sobre Envejecimiento de la Asamblea de Naciones
Unidas hechas en Nueva York en 1992 y así brindar la calidad de
vida óptima a nuestros ancianos. Destacan dentro de estos esfuerzos
la fundación del Centro Iberoamericano de la Tercera Edad y la
puesta en marcha de un nuevo Programa de Atención Integral al
Anciano Cubano.
III. PERSPECTIVAS
PROGRAMA PARA LA ATENCION INTEGRAL
AL ADULTO MAYOR
El Ministerio de Salud Pública se ha
propuesto desarrollar el Programa de Atención al Adulto Mayor
entre los cuatro fundamentales conjuntamente con el Materno-Infantil,
el de Enfermedades Trasmisibles y el de Enfermedades Crónicas
no Trasmisibles.
Las condiciones de atención de salud
y de asistencia y seguridad social logradas por el país para toda
la población han sido reconocidas como quiméricas para muchos
de los países en desarrollo y para algunos desarrollados. Sin
embargo la magnitud alcanzada por el envejecimiento de la población
y la rapidez con que aconteció este fenómeno, necesitó de todo
un vuelco de su sistema de prioridades en política de salud para
permitir enfentar la nueva situación creada, que por demás comienza
a tener su climax, cuando la nación enfrenta sus peores condiciones
socioeconómicas en los últimos treinta años.
En el inicio de la década de los 90,
el sistema de salud habida cuenta los cambios demográficos anteriormente
señalados y el cuadro epidemiológico nacional, debe hacer un reajuste
en su proyección de trabajo la cual se recoge en los llamados
Objetivos, Propósitos y Directrices de la Salud Cubana para el
año 2000, en este documento sin que se le reste un ápice de importancia
a los aspectos tradicionales de la política sanitaria, se introduce
con una fuerza mayor la lucha contra las enfermedades crónicas
no trasmisibles y la búsqueda de mejores respuestas a las necesidades
de salud de la población anciana, todo ello, reitero, con el gravámen
del bloqueo a que estamos arbitrariamente sometidos y que repercute
en aspectos tan sensibles como la alimentación y los medicamentos.
Además de estos antecedentes, se toman
en cuenta algunas premisas teóricas las cuales consideran que:
- Las respuestas tradicionales a la
problemática del anciano brindada por los países de mayores
recursos económicos no podian ser simplemente extrapoladas a
nuestro medio y que su posible aplicación debía tomar en cuenta
la gran diferencia entre las condiciones sociales y económicas
de ambos contextos.
- Sería fundamental que el Programa
se adaptara al momento de reforma del sector salud en el país
donde se detacan desde el punto de vista estratégico el fortalecimiento
de la descentralización, la intersectorialidad y la participación
comunitaria.
- Debía ser aprovechada al máximo:
. La favorable estructura socio-sanitaria
con que cuenta el país.
- El potencial que representa la gran
experiencia acumulada, por la comunidad y la familia en la participación
de la solución de sus propios problemas sociales y de salud.
- Toda la infraestructura, recursos
humanos y experiencia acumulada en la atención a este grupo
de personas.
- Que sería fundamental, la respuesta
integral medico-social a los problemas del adulto mayor, a partir
del fomento del trabajo intersectorial, pero con el propósito
presente y futuro de que sea la comunidad quien genere las soluciones
a los problemas por ellos diagnosticados, buscando que los programas
para los ancianos se integre, cada vez más, al de otros grupos
poblacionales vulnerables.
A partir de todo ésto, se comienzan
los trabajos para el desarrollo, estudios de factibilidad y extensión
posterior del Programa.
OBJETIVOS DEL PROGRAMA
I. Proveer a la atención comunitaria,
de instrumentos, métodos y estructuras que le ayuden a diagnosticar,
prevenir y encontrar soluciones locales a las necesidades socio-económicas,
psicológicas y biomédicas de sus ancianos como forma de garantizar
su calidad de vida.
II. Elevar la calidad de la atención
institucional al anciano.
III. Desarrollar un programa extensivo
e intensivo de preparación de los recursos humanos calificados
y especializados, necesarios en la implementación del presente
programa.
IV. Promover el desarrollo de investigaciones
que permitan conocer, en su carácter multidimensional, el envejecimiento
individual y poblacional en Cuba, su repercusión y las respuestas
a sus retos.
En la atención comunitaria el proyecto
pretende crear alternativas a nivel de la comunidad, tanto para
conocer las necesidades individuales y colectivas del anciano
como para la solución a nivel local de gran parte de éstas.
Comprende la participación de tres
pilares fundamentales:
- Estructura político-administrativa.
- Sistemas de salud, seguridad social,
asistencia social, cultura, deporte, recreación y otros.
- Organización de ancianos.
Desde el punto de vista de la estructura
político-administrativa el Programa se estratifica en tres escalones,
correspondiendo el primero a la circunscripción, el segundo al
Consejo Popular y el tercero al municipio.
La atención hospitalaria se brinda
de acuerdo a los requerimientos a la par de que casi 15000 ancianos
residen en los 124 hogares de los cuales 114 pertenecen al Sistema
Nacional de Salud y 10 a organizaciones religiosas.
El Centro Iberolatinoamericano de la
Tercera Edad (CITED) funge como asesor desde el punto de vista
metodológico y como centro de referencia y de coordinación para
el desarrollo y aplicación del presente programa. En el cual no
sólo contribuirá a la atención al anciano de forma científica,
humana y participativa, sino además disminuirá ostensiblemente
el grave problema que sobre el Sistema de Salud y los Sistemas
de seguridad y Asistencia Social produce el envejecimiento poblacional.
PREPARACION DE RECURSOS HUMANOS
La magnitud y la complejidad que significa
una atención al anciano basada en los conocimientos mas actualizados
y en las proyecciones y recomendaciones de los organismos internacionales
nos impuso la necesidad de incrementar y organizar la formación
de recursos humanos en los siguientes aspectos:
Se trabaja en incrementar los conocimientos
que reciben los estudiantes de la salud sobre el tema del anciano,
se hace imprescindible la introducción de más conocimientos relacionados
con el envejecimiento en los programas docentes de profesionales
y técnicos que trabajen en su atención. En la docencia de Postgrado
debe insistirse en lograr que el Médico de Familia adquiera una
preparación suficiente en el tema, así como el desarrollo de investigaciones
multidimensionales sobre el envejecimiento individual y poblacional.
El presente y el futuro establecen
un compromiso con las actuales y futuras generaciones.
Muchas gracias.